De un tiempo a ésta parte, la iglesia católica ha ocupado no pocos titulares en los medios de información; lamentablemente para los católicos; la razón de este protagonismo ha sido por los “recientes” escándalos de pedofilia al interior del clero; y escribo “recientes” porque éstos no tienen nada de recientes, por el contrario, son tan viejos como la misma iglesia. Las noticias sobre curas pederastas han despertado comentarios desde todos los sectores siendo abordados desde todos los ángulos posibles. Algunos ven en ello la muestra clara del debilitamiento de la iglesia, el silbido cada vez más agudo que delata la estrepitosa caída; otros lo ven con decepción, tristeza por la institución en la cual militan; los más, indignación por una institución que, se supone, vela por la dignidad del ser humano; entre ellos hay muchos que interpretan los hechos como un esfuerzo concreto de la iglesia por eliminar la corrupción y el delito al interior de ella para recuperar el status de santa.
Estas noticias traen felicidad a los anticatólicos, fauna insaciable en su resentimiento y de mellada salud mental; lo digo así pues todos los que he conocido adoptan una postura totalmente irracional y prejuiciosa frente a todo lo que se refiera a catolicismo, son incapaces de mantener la objetividad y tienen un odio dirigido y muy focalizado, no es en si las religiones (considerando que la islámica avala la pedofilia con el matrimonio), no es la fe, la creencia en un dios, sino el catolicismo en sí; son incapaces de concederle algún reconocimiento y por tanto son difíciles y hasta imposibles de hablar con ellos. Este grupo, son los más contentos de escuchar estas noticias, pues asumen el fin del enemigo aplastado por el cuarto poder, derrumbado por la libertad del hombre moderno. Sin embargo considero que este juicio está algo anticipado.
Para aquellos ingenuos que piensan que el gran héroe de la contienda es el periodismo; que ha tenido la habilidad de destapar el escándalo; que por sobre el poder de la religión está el poder de la prensa y la voz de la víctimas que ya no se puede callar, habría que hacerles notar el error en el que se hallan. La iglesia no sólo tiene poder para cubrir dichos escándalos –tal como lo ha demostrado durante larguísimos años- sino de diluirlos en un no tan dulce olvido. Un método muy eficaz es la compra del silencio a las víctimas, como se demostró en el caso de la archidiócesis de Dublín en Irlanda, donde 161 millones de euros fueron destinados discretamente a “indemnizar” a las víctimas. No es tan difícil de comprender está situación si somos algo más empáticos; imaginemos que somos los padres de las víctimas, furiosos, indignados, con toda la ira dentro, de pronto tocan a nuestra puerta un representante del arzobispo discretamente vestido de civil, lo hacemos ingresar, después de un largo discurso de disculpas y perdón, no muestra un maletín lleno de 1 millón de euros y nos dice que podría ser nuestro si a cambio firmamos un compromiso por el cual no haremos mención alguna, de ahora en delante de cualquier cosa relacionada con el hecho, a ningún medio. Sentados frente al monitor de computadora es fácil decir – ¡Jamás!, la justicia está primero y dignidad de mi hijo por encima de todo. Pero, ¿seríamos capaces de hacer lo mismo frente a un millón de euros, no ficticios, sino totalmente reales? ¿Renunciaríamos a todas las posibilidades que se nos abren de aceptar recibir el dinero?, al fin y al cabo por mucho que lo rechacemos no podemos cambiar el presente pensarán los más pragmáticos, un millón de euros podrían pagar al mejor psicoterapeuta para que libera a nuestro hijo del trauma, y aún quedaría mucho para una casita, una buen coche o un largo viaje por el mundo.
Definitivamente los escándalos no son obra de una prensa al servicio de la verdad, pues está ha demostrado en no pocas ocasiones que puede llegar a ser extremadamente venal. Pero si no es obra de un poder superior ¿entonces de qué o quién es? A partir de aquí y en adelante ensayaré algunas hipótesis fruto del conocimiento que sobre la iglesia tengo, debo aclarar que no tengo vínculos de fe con ella pues soy agnóstico y no profeso religión alguna, tampoco me ensaño con ningún credo en particular y trato de mantener la mayor objetividad posible con respecto a estos asuntos.
Durante el reinado de Juan Pablo II se produjo uno de los mayores escándalos en la historia de la iglesia católica, Marcial Maciel, fundador del Regnum Christi (asociación seglar) y de la congregación católica romana Legión de Cristo, posible aspirante al honor de los altares, recibió algo de 200 denuncias por abuso sexual a menores, realizadas mientras estuvo al mando de la Legión de Cristo, Joseph Ratzinger, en ese entonces prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe; fue comisionado para hacer las investigaciones correspondientes, fruto de ellas se halló malversación de los millonarios fondos de las organizaciones fundadas y dirigidas por Maciel, salieron a luz además, varios hijos que tuvo con diferentes mujeres y se confirmaron varias de las denuncias de pedofilia y condiciones de semiesclavitud en las que vivían algunos miembros maniatados por el voto de silencio y avalados por la Santa Sede. Ratzinger instó a Juan Pablo II a someter inmediatamente a Maciel a derecho canónico, sin embargo el papa no dio su autorización; hasta que punto lo protegió es motivo de investigación, tanto así que este trance en la vida de Juan Pablo II constituye el mayor impedimento para que alcance la santidad.
Hay que considera aquí algunas cosas importantes, la iglesia no se rige por el derecho regular, se rige por el derecho canónico, todo miembro del clero es juzgado bajo las leyes particulares de la Santa Sede, además, siendo el Vaticano un estado soberano, muchos de sus miembros (según el concordatum con el país) gozan de inmunidad diplomática, por lo que no pueden ser sometidos a la justicia local.
Otro asunto a considerar es la enorme amistad que mantuvieron Juan Pablo II y Marcial Maciel; siendo este, asesor para asuntos de América Latina del primero. Maciel gozó de autoridad plena para hacer lo que le viniera en gana mientras su amigo gobernaba. Imagino que el origen de tan sólida amistad fue durante el primer año del pontificado de Juan Pablo II; cuando recibiera en el Vaticano a los Legionarios de Cristo de Roma, se trataba de un grupo de doscientos estudiantes estratégicamente entrenados y acrecentados con jóvenes traídos de todos “los frentes” legionarios. El Papa quedó admirado ante este ejercito espiritual, todos ensotanados y con roquete, todos guardando una escrupulosa uniformidad, nada de melenas y barbas. ¡Qué distintos a los seminaristas de Roma en su aspecto externo! Más bien, la estampa le recuerda al Papa a los seminarios de Polonia. Juan Pablo vio en ellos una fuerza espiritual que lo dejó profundamente impactado y esto despertaría una profunda admiración por Marcial Maciel.
Maciel, agasajó y (se presume) compró la protección del secretario particular del papa, D. Stanislao Dziwisz y del Secretario de Estado, Card. Angelo Sodano quienes, una vez que Juan Pablo II llegará a anciano, se encargarían de frenar todas las investigaciones de abuso sexual realizadas por Ratzinger; algunos suponen que lo hicieron impidiendo que dichos informes llegasen a manos del papa, pese a mis dudas personales, la posibilidad no me parece tan descabellada si consideramos la edad y condición física del papa en ese momento y el hecho de que –como en muchas instituciones con una gran burocracia- muchos documentos jamás llegan a ser leídos por los administradores o jefes máximos, sino resueltos por los secretarios y mandos medio, basándose (en teoría) en las leyes que rigen dicha institución.
Este escándalo fue uno de los más grandes en el siglo pasado, sin embargo todo quedó en el silencio junto a otros tantos. ¿Cómo es posible que nada de esto saliera a luz en tantos años? Se me antoja pensar en una hipótesis partiendo de cómo Maciel consiguió el apoyo de los más altos cargos en la cúpula de la iglesia.
Maciel había causado un enorme impacto, no sólo en Juan Pablo II sino en todo el Vaticano, aprovechó eso para contactar con D.Stanislao y el cardenal Sodano, cada cierto tiempo le hacía envíos de frutas tropicales, regalos cuidadosamente elegidos y cartas muy amables así como invitaciones a las cuales correspondía con mayor dadivosidad. Si lo trasladásemos al ámbito político del estado no sería nada fuera de nuestra imaginación: Una empresa gana una licitación, el dueño de la empresa acude con el ministro a darle las gracias, este está impresionado por la propuesta y calidad de servicio que le ofrecieron, tiempo después el ministro recibe un bello y costoso regalo en el día de su cumpleaños, enviado por este mismo empresario, lo mismo ocurre con los cumpleaños de su esposa y sus seres más queridos, poco a poco ambos dejan de ser ministro y licitador y se convierten en amigos; y como es universalmente sabido, entre amigos hay que ayudarse; a los amigos se les perdonan algunos pecadillos y se les cubren algunas picardías que suelen cometer, bajo esa premisa el empresario (hora amigo) empieza a manipular a la situación a su favor.
Algo similar, imagino, que debió ocurrir con la iglesia, sacerdotes que fueron llegando con algunos regalitos hasta ganarse el aprecio de religiosos en puestos clave, para luego, cuando la cosa se puso color de hormiga, solicitar su apoyo y complicidad. A que esto se saliera de control ayudo mucho el hecho de que Juan Pablo II casi nunca estaba en casa lavando la ropa sucia; se encontraba, o bien viajando por algún país con ansias de recibir su mensaje, o bien planificando su próximo viaje, o bien en la clínica Gemelli reponiéndose de tanto viaje. Con este panorama es fácil entender como se pudo enquistar tanta corrupción en el seno mismo de la iglesia católica.
Ratziger no fue ajeno a esto, dada su condición de prefecto, era más que evidente que tenía conocimiento de esta situación; pero recordemos nuevamente que la iglesia es un mundo aparte, los votos de obediencia pueden jugar un papel totalmente negativo en estos casos. Considerando la, en extremo quebrantada, salud del papa; probablemente decidió esperar a que asumiera otro pontífice para presentar sus informes (esto es asunto de controversia pues de estar informado, Juan Pablo sería cómplice directo de Maciel). Ironías de la vida le tocó a él ser el sucesor de Pedro y ya con el poder en sus manos decidió actuar. Si no lo hizo inmediatamente me parecería bastante aceptable y lógico; pues necesitaría; como en todo cambio de administración; colocar a sus hombres de confianza en los puestos clave, y eso toma su tiempo; ningún administrador hace cambios radicales apenas asume el cargo, el procedimiento usual es ratificar a todos en sus puestos y luego, con gentil sutileza, ir sacándolos uno a uno hasta tener copados los puestos por “su gente”. Ya con el control de la burocracia vaticana, empezó a dejar que las denuncias fueran siendo destapadas una a una, permitiendo, como en el caso de Alemania, que la justicia secular juzgue a los criminales, y sometiendo a los demás a un severo proceso canónico; cuyos resultados espero se conozcan pronto, pues de alguna manera podrían confirmar estas hipótesis.
Al menos cada semana sale alguna noticia sobre la iglesia católica y los escándalos “descubiertos”; muchos ven con alegría el fin del catolicismo, tan lleno de corrupción, habría que mirar un poco más el comportamiento ético de las demás religiones también, pero no es mi interés hacerlo, dado que las comparaciones suelen resultar odiosas y poco elegantes. Algunos católicos, ven con temor estos hechos, sienten que su institución se tambalea, que podría desplomarse, que nunca como ahora ha estado más alejada del calificativo de “santa”; sin embargo yo barrunto lo contrario. Pienso que de todo este trance la iglesia saldrá muchísimo más fortalecida que nunca, desde ya las personas, sea individualmente o colectivamente van buscando argumentos para la defensa de su fe, se acercan más entre ellos ante la crisis, oran más y buscan salir de dudas ante las diatribas que suelen escuchar o leer en contra de su institución, sea consultando a un sacerdote o la internet o comentando las noticias entre ellos.
Después de esta etapa de “purificación” la iglesia acrecentará su credibilidad (recuerdo una encuesta del año 2000 aprox. Donde la iglesia católica figuraba como la institución que gozaba de la mayor confianza de la población peruana) y sus miembros renovaran su fe y membrecía, pero sobre todo ganaran el respeto general, porque nada inspira más respeto que una institución organizada y sobre todo disciplinada. ¿Será esta aparente caída sólo es un breve tropiezo que anuncia su resurgimiento con una imagen más sólida? En unos años, sino meses, lo sabremos.


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