Este artículo fué escrito para una publicación de la Uccs bajo el auspicio de la profesora Janina Navarro hace ya bastante tiempo, a ella las gracias.
Estamos en crisis, el mundo ha entrado en una gran crisis económica. Este ha sido un tema recurrente desde Octubre del 2008, todos los medios de comunicación se ocuparon del tema. Las mayores economías mundiales estaban colapsando y el mundo entero entraba en pánico. Pero, ¿sabía el común del ciudadano el origen de esta crisis?, ¿sabe en qué consiste realmente la crisis mundial? Ya no habrá empleo, van a despedir gente, no va a haber dinero para nada, las empresas cerraran, habrá inflación, son las respuestas tentadoras que podemos escuchar en las calles, respuestas que aluden a los síntomas de la crisis pero no a su origen.
El hombre corriente evalúa esta situación desde su sentido común, sabe que esto no es bueno y que nada bueno le traerá, desconoce a profundidad los pormenores técnicos y tampoco los necesita conocer, le basta con conocer los síntomas, menos empleo significa menos posibilidades de desarrollo económico para él y su familia. Una perspectiva a priori pero no por ello inválida para su seguridad y bienestar. Pero tratemos de desvelar este misterio envuelto en tecnicismos, comentarios confusos y palabras al alcance aparentemente sólo de expertos, hecho que aleja a las personas de formarse una opinión propia y las obliga a resignarse o conformarse con avalar el juicio de los líderes de opinión y más aún, las aleja de entender la causa real de dicha crisis.
Estando a puertas del nuevo milenio, las grandes economías mundiales experimentaron un inusitado crecimiento, esto es, empezaron a ganar más dinero, la demanda por productos y servicios se incrementó de tal manera con el boom de la internet que se crearon nuevos y bien pagados puestos de trabajo; la necesidad de personal calificado superó la oferta del mercado laboral, así, las empresas tuvieron que traer personal de otros lugares, por lo general extranjeros. Estas personas necesitaban un lugar donde vivir; teniendo un buen sueldo y excelentes proyecciones laborales no les fue difícil a muchos de ellos conseguir un crédito hipotecario para adquirir una casa. Esto genero una gran demanda inmobiliaria que desencadenó un acelerado crecimiento del negocio de bienes raíces, las casas subían aceleradamente de precio; viendo en ello un negocio prometedor muchos decidieron invertir en la compra de casas pues las ganancias eran magnificas; así por ejemplo si yo adquiría una casa en 80 000 dólares, en unos 6 meses la propiedad incrementaba su valor en 100 000 ó 110 000 dólares dejándome una ganancia de 30 000 sólo por especular con la propiedad, es decir retenerla en mi poder por unos meses sin tener que trabajar. Hasta ahí todo bien, cada quien obtiene lo que quiere y todos somos felices; el problema real empieza con la codicia de los operadores financieros. Ansiosos por ganar más dinero, lo operadores financieros empiezan a disminuir los requisitos necesarios para la aprobación de créditos hipotecarios otorgando préstamos a personas sin un historial crediticio adecuado, el banco asumía el riesgo de que estas personas no terminaran de pagar su deuda (crédito subprime); la justificación de esta práctica temeraria era la alta demanda de inmuebles, el banco y los operadores financieros esperaban que si el deudor no podía pagar podría vender la casa, devolverle el dinero y además generarle una ganancia o, en el peor de los casos, la casa pasaba a poder del banco y ellos encontrarían fácilmente un comprador, teniendo además, a su favor, lo mucho o poco que el deudor halla podido amortizar de la deuda. Muchos bancos ofrecían estos créditos indiscriminadamente, así personas que en situaciones comunes jamás hubieran podido obtener un crédito (inmigrantes por ejemplo) ahora poseían dos o tres casas. Sin embrago la avaricia les jugó mal a todos, como era de esperarse, casi todos los que habían solicitado créditos, confiados en que las casas que habían comprado seguirían subiendo de precio decidieron esperar a que llegará al precio tope para obtener la máxima rentabilidad pero esto nunca ocurrió, la demanda bajo y las casas perdieron su valor, por lo tanto los propietarios no tenían con que pagarlas, incluso los otrora empleados bien pagados había perdido sus empleos, la demanda por propiedades disminuyó tanto que se hizo casi imposible poder vender las casas adquiridas al crédito; lo bancos perdieron liquidez, no tenían dinero, entraron en pánico y, como efecto rebote, incrementaron los requisitos para acceder a cualquier tipo de crédito, incrementando también los intereses. El efecto se sintió en el mundo entero pues la falta de liquidez en una moneda de cambio internacional arrastró consigo al resto de las economías, no tanto por que tuvieran un problema real, sino por que se dejaron llevar por el pánico.
Analicemos ahora las causas últimas de esta crisis financiera. Por un lado esta la ambición desmedida de los operadores financieros que, al creer haber encontrado a la gallina de los huevos de oro, se descontrolaron perdiendo objetividad y perdiendo al final su capital. Del otro lado esta la ambición de los clientes ávidos de ganar dinero fácil sin tener que trabajar. Pensando en ambos grupos, se podría decir que la crisis económica mundial, ¿realmente es una crisis económica? No sería más correcto hablar de una crisis de valores –del valor del ser humano como tal con todas sus capacidades-. Si esta premisa es cierta sólo estaríamos contemplando el resultado de la acumulación de años de sugestión mediática, de inducción a la adquisición compulsiva de productos y servicios que empezó hace varias décadas y que no ha hecho sino que el ser humano pierda su capacidad más valiosa, la de tomar conciencia del mundo que lo rodea, de guiar y dirigir su libre albedrio al fin último de su existencia que es la búsqueda de su felicidad y olvidado que esta felicidad está necesariamente ligada a su entorno, no sólo a las demás personas, sino al mundo en el que vive y que actualmente explota sin misericordia; sino recordemos la crisis de alimentos del 2007 y 2008, originada por el impacto de los biocombustibles que han consumido una gran parte de las cosechas de maíz, la explosión demográfica, la demanda de consumo de Asia, los cambios en los ecosistemas y el alza del petróleo.
El hombre ha acentuado en estas últimas décadas ese cuasi instinto de obtener el mayor beneficio con el mínimo esfuerzo, llevándolo a extremos de aprovecharse del esfuerzo de otros llevándolos incluso a situaciones de esclavismo y aprovechándose de las necesidades y la miseria de sus pares para obtener riqueza y satisfacer todas sus deseos y necesidades; lo triste es que ni siquiera son sus necesidades propias; no aspira a vivir cómoda y dignamente con su familia; aspira a vivir y a tener lo que la publicidad y la sociedad ordenan. La ambición por el dinero lo ha hecho creer que es la única vía para ser feliz, obtener cosas, lujos, excesos, olvidándose de si mismo. Lamentablemente cada día hay más personas que trabajan sólo para poder comprar cosas que no necesitan sea al contado pero las más de las veces a crédito, para luego trabajar más horas para obtener más dinero para pagar las cosas que compró y poder comprar luego otras más cara o más de moda.
El dinero, la moda, el facilismo y el inmediatismo tratan de extinguir en el hombre esa búsqueda del sentido de su vida, la necesidad de encontrarse consigo mismo y saber para que está en este mundo, dentro de su mente sabe que la respuesta es para ser feliz, pero la presión de la sociedad lo engaña y le hace creer que la felicidad se halla en objetos, dinero, estatus e imágenes superficiales que crean relaciones superficiales. El ejemplo más actual nos lo da la gente que estuvo involucrada en la crisis, todos ellos creyeron que podían obtener dinero fácil, sin trabajar y hacer aquello que dignifica al hombre y que es además lo único que realmente genera riqueza. El juego es simple, es atractivo, no tengo que meditarlo mucho, no debo decidir nada, ya deciden por mi, sobre lo que deseo, sobre como debo comportarme; de quien enamorarme, en que creer, si sigo las reglas… ¿seré feliz?
Esta crisis mundial no es sólo económica, hay algo más sustancial subyacente en ella, es el hombre desorientado que busca una guía para ser feliz, pero que sin embargo tiene pánico a vivir; a vivir en plenitud, asumiendo un compromiso consigo mismo y con los demás; por que teme salir lastimado, huye del dolor, pero no se da cuenta de los superficial y vacua es su vida. Vivir es un reto, es llorar, es reír, es amar, es odiar, es sentirte bien y también sentirte mal, es conocerse, amarse y dejarse amar, caerse y levantarse, perdonar y perdonarnos, maravillarnos con lo cotidiano y con lo extraordinario, disfrutar una comida, una brisa, un paisaje, un momento de soledad; pero sobre todo ser feliz.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)


No hay comentarios:
Publicar un comentario