domingo, 20 de noviembre de 2011

Cipriani y Benetton, besitos por la paz.


Hace unos días Benetton lanzó Unhate (http://unhate.benetton.com/campaign/), Campaña publicitaria bastante simplona a mi entender, donde se puede ver a varios líderes mundiales dándose un beso en la boca con su antagonista; Hugo Chávez uniendo labios con Obama, Mahmud Abbas (presidente de la autoridad nacional palestina) con Benjamin Metanyahu (primer ministro israelí), Nicolas Zarkozy con la canciller Merkel; que dicho sea de paso es el único ósculo heterosexual de todos los montajes; pero la imagen que más polémica desato fue el beso entre un entregado Benedicto XVI con el jeque e imán de la mezquita Al Azhar, Ahmed Mohamed el-Tayeb; el vaticano levantó inmediatamente su voz de protesta y exigió el retiro inmediato de las imágenes, solicitud que fue inmediatamente acatada por Benetton pero que no pasó de un gesto simbólico e inútil, para ese momento la foto ya había sido copiada y difundida por la web a millones de personas; con estas declaraciones y otras mucho más duras la controvertida campaña adquirió un mayor impulso mediático acaparando portadas de periódico y espacios en noticieros, poniendo a Benetton en ojos, oídos y boca de todo el mundo.
En el Perú la crítica más mordaz provino del Cardenal Juan Luis Cipriani (http://peru21.pe/noticia/1336035/cipriani-critico-publicidad-benetton#frmcomment) su eminencia eminentemente indignado dijo: “Usan en la publicidad a tu madre (La Iglesia). Mejor usa a la tuya”. Totalmente comprensible su indignación, lo incomprensible fue la ola de críticas y comentarios agresivos que recibió, aunque en honor a la verdad habría que decir que son más estúpidos (por usar un eufemismo) que agresivos:
-"¿O SEA QUE CIPRIANI CONSIDERA A BENEDICTO XVI COMO SU MADRE? ESE SEÑOR DEBIERA VER A UN SICOANALISTA URGENTE! CREO QUE LLEVAR POLLERAS POR TANTO TIEMPO TRANSTORNA A ALGUNOS". (Federico Vizcarra)
-"Apoyo a Citripio. Es vulgar que hagan un montaje de besos. Por eso es mejor indignarse con esas imagenes vulgares que hacerlo con curitas pedofilos que la iglesia paga a las victimas para que no los denuncien. Que asco de fotito. A los curitas pedofilos solo se les llama la atencion y que sigan abusando de los monaguillos." (Montaje)
-"Está picón porque no pusieron su foto con la de fujimori o montesinos." (Dragon Rojo)
Y muchos otros en tonos más o menos parecidos; es más que sabido que el cardenal Cipriani no es santo de la devoción de muchos católicos, menos aún de los que no profesan dicha fe, goza de mala fama por ser poco o nada diplomático y decir las cosas que piensa sin el tino necesario, con frases fuertes que suelen ser sacadas de contextos a favor de sus detractores y en detrimento de su imagen; recordemos cuando los diarios publicaron que Cipriani habría dicho que los derechos humanos son una cojudez, cuando en realidad dijo que la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos es una cojudez por estar sesgada en defensa sólo de criminales y terroristas, pero jamás del delincuente común, del policía o militar.
No se puede menos que reconocer que la campaña de Benetton es altamente efectiva, inmensamente efectiva, siendo tan simplona y con poco presupuesto ha logrado acaparar la atención de la prensa mundial, generado una enorme polémica y, por consiguiente, obtenido toneladas de publicidad gratuita. Lo que me parece de una necedad suprema es que las personas ataquen la opinión del primado de la iglesia peruana en defensa de tan básica y poco trabajada publicidad, ¿qué esperaban? ¿Qué mandara a hacer una gigantografía de ecuménico osculo y lo cuelgue en su oficina con un cirial debajo? ¿Qué vitoree el ingenio perezoso de los publicistas de Benetton? Lo que no deja de impresionarme es hasta qué punto los prejuicios, en este caso contra una persona en particular, puedan obnubilar tanto la razón. Concuerdo con Cipriani cuando dice: “La palabra tolerancia ha sido secuestrada por un grupo de personas y todos los demás no la podemos usar porque somos intolerantes.” Efectivamente, cuando alguien ataca a la iglesia, es un libre pensador, progresista, creativo, democrático; si La Iglesia lo soporta sin chistar, es tolerante, casi lorna; pero si se le ocurre defender su dignidad o protestar en contra de algo que le parece ofensivo, entonces son intolerantes, abusivos, inquisidores, medievales, demoniacos, pederastas (¿?), hipócritas, etc.
En Julio del 2008 los titulares de la prensa fueron acaparados por la bailarina Leysi Suarez quien posó para la primera edición de la revista “D” colocando la parte más apetitosa de su voluptuosa anatomía sobre el pabellón nacional (cuantos quisieran ser el árbol de la quina). Las críticas no se hicieron esperar, la opinión pública se polarizó, mientras unos tomaban el hecho como una lesera cualquiera, para otros fue una de las peores ofensas que se pudo infligir a la dignidad de la patria representada por el bicolor símbolo, aunque considerando el cuerpo del delito, las fotos también podrían tomarse más como un homenaje, digamos, uno más carnal. Sin embargo los opositores a la fotito de marras se hicieron escuchar y llevaron el caso hasta el mismísimo congreso y demás tribunales, no entiendo porque algunos católicos no puedan ejercer su derecho a indignarse y protestar en contra de lo que ellos sienten, es una vejación a la investidura pontificia; sin que tengan que ser víctimas de groseros ataques, ¿Por qué la tolerancia sólo puede navegar en una sola dirección?
Desde mi punto de vista el vaticano no debió ser tan bacalao para morder el anzuelo,  dándole importancia a un asunto que no lo tiene, peor aún, regalándole publicidad gratuita a la marca, a sabiendas que la protesta sería inútil, pues cuando algo se sube a la red, ahí se queda. En mi personal parecer hubiera preferido una respuesta con menos protocolo y más recutecu, reclamando los derechos de autor por el piquito intereligioso, pues es la iglesia quien tiene la patente de ese tipo de besos con el nombre de “beso de la paz”; “Saludaos los unos a los otros con el beso santo” dice Pablo en su carta a los romanos (rm 16,16) y así se hizo, en la iglesia primitiva se solía dar la paz con un piquito entre amigos, pero siempre del mismo sexo, nunca entre un hombre y una mujer, tal como narra Hipólito de Roma en su “Traditio apostolorum”: “Cuando ha terminado la oración (después de la instrucción) los catecúmenos no deben darse el ósculo de paz porque su beso no es aún puro; los bautizados, en cambio, deben saludarse unos a otros, los hombres a los hombres y las mujeres a las mujeres, pero los hombres no deben saludar a las mujeres.”
Así pues los piquitos pacificadores y siempre en olor a santidad, eran de uso común en la iglesia primitiva, no habría mucho de que escandalizarse por el intento de Benetton de imponer una moda muy muy retro sin permiso de sus autores originales, salvo por la intención comercial que ensombrece el sentido original del rito. Conocidos estos detalles, confío que mis amigos católicos se indignen algo menos y terminen riéndose de lo mucho que pagó Benetton por algo que resulta no ser nada original, sino un mal remake; tal vez algún miembro cercano al clero refresque la testa a Cipriani sobre el tema. Pero si hay reclamo, que sea por la intención malvadamente provocativa y anacrónica de Benetton y que esta protesta sea respetada y no silenciada, que durante mis tiempos de militancia como católico, apostólico y romano, sin visa por supuesto, tuve muy en claro que ser católico consecuente no implica ser cojudo incoherente.

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